LOS AFEITADOS PASADOS SIEMPRE FUERON MEJORES.

Hoy vamos a hablar de la retrospectiva de algo cotidiano en la vida de los hombres en España: El afeitado.

No siempre hemos tenido máquinas de afeitar eléctricas en los baños, hubo un tiempo en que ni siquiera había las típicas maquinillas desechables, todo aquel que quería hacerse un afeitado clásico usaba unos elementos algo distintos a los actuales.
Como primer paso, se puede aplicar un aceite o crema de pre afeitado antes de aplicar al jabón, el aceite  dejaba la cara no grasienta, pero si resbaladiza para que la cuchilla cortase mucho mejor, mientras que la crema es mucho más uniforme y es más fácil de distribuir por la barba, además este última suele tener agentes hidratantes para cuidar la piel y evitar irritaciones.

El segundo paso es aplicar la espuma, antes tampoco se usaban los típicos frascos en spray, había que preparar el jabón en un bol y generar la espuma dando vueltas a un jabón especial de afeitar con la brocha, ¿Con la brocha?, si con la brocha, que es con lo que se aplica el jabón sobre la barba. La brocha de afeitar es algo que se ha perdido con los años, pero antaño eran objetos de veneración en toda unidad familiar.

El tercer paso es el paso de la navaja de afeitar, este paso es muy peligroso por lo que no recomiendo que sea probado por principiantes, si no tenías una buena maña y práctica era muy probable que acabases con un doloroso corte en la cara.

Por último, se puede aplicar un aftershave de toda vida, aunque si quieres disfrutar de la experiencia completa puedes utilizar un lápiz secante o un poco de alumbre.
El alumbre es un mineral que pasándolo húmedo por la piel hace de astringente, cicatrizante y calmante, es inodoro y fácil de usar pero puede picar la piel tras aplicarlo. El alumbre cuesta unos 10 euros la piedra y dura varios años.

EL AFEITADO EN LA ANTIGUA ROMA.

El afeitado es una práctica muy antigua, se tiene constancia del uso de navajas de afeitar metálicas en la Edad del Bronce.

Las antiguas navajas de afeitar que se usaban en Roma eran de forma circular y procedían de oriente.

Se dice que se introdujo el afeitado en Roma en el año 299 AC, cuando se deportaron tras una campaña bélica a varios barberos desde Sicilia a Roma.

En esta época los tónsores (barberos) afeitaban a sus clientes en las termas y usaban navajas o cuchillos sobre la cara húmeda, no existían los jabones lo cual se convertía en una auténtica tortura. Para los cortes, los tónsores aplicaban una telaraña con aceite y vinagre con lo que se evitaba la infección.